domingo, 17 de mayo de 2015

Lenguaje e idioma de los economistas I

Una introducción vaga y vaporosa del lenguaje económico con una aclaración final.

Construír un modelo es tan difícil como saber qué se puede decir mediante un modelo. Un modelo es una fábrica de dinámicas; estudiamos las formas que pueden adoptar y qué se puede o no decir con ellos. Dice Ariel Rubinstein que los modelos, como las fábulas, no tienen por qué ser realistas; deben servir más bien como herramientas que permitan comprender mejor, explicar fenómenos y dinámicas. La predicción no entraría dentro de las utilidades que se derivan del trabajo con los modelos - fábulas que son las herramientas de los economistas.
Para entender de qué va la economía, sobre todo en su versión micro, hay que aprender un lenguaje que tiene algo de neolengua. Un bien no es un bien, la producción no siempre se produce, la racionalidad no siempre es racional, y la utilidad no tiene nada que ver con los posibles usos de las cosas. En la actualidad hay muchos dialectos y lenguas propias por derecho que derivan de esa neolengua. Existen también otros idiomas, previos a la creación de la neolengua, que compiten con ella por dar sentido a lo económico. Pero son minoritarios. No lo son tanto algunas nuevas lenguas criollas que resultan de la mezcla de elementos de neolengua y que incorporan multitud de palabras y expresiones de los lenguajes del antiguo mundo de la Economía, cuando era todavía Política.
Y existen, cómo no, hijos bastardos. Son tratados como neolengua, puede incluso que vistan como neolengua, pero si los miras a los ojos puedes ver una montaña lejana, una nube densa y oscura en su ladera, expresando otro carácter y anunciando una tormenta.
Las mismas palabras dependiendo del idioma que se emplee cumplen funciones semánticas diversas. El lenguaje que emplean los economistas mantiene una relación especial con aquello que representa pues puede ser la expresión de algo que posiblemente exista, como la sombra de una nube sobre una montaña. Imaginar la nube contemplando la sombra en la montaña es el trabajo del economista. Hay economistas que con tales medios se atreven a predecir lluvias, granizos y nevadas. También los hay que aconsejan chubasqueros, paraguas, o cuencos colectores de aguas. Los hay que cuando no hay nube bailan, otros rezan y delegan el hallazgo de toda humedad a la espontánea aparición de nube, negando que los pozos, pozas y charcas sean fuentes de agua.

ACLARACIÓN FINAL:  (Los chicos economistas que llevan su pizarra a la sexta no utilizan en su plenitud el lenguaje de los economistas, se trata más bien de una mezcla de economics y contabilidad)