miércoles, 22 de abril de 2015

una de sueños húmedos



ya he comentado en alguna entrada anterior eso de que los economistas nos hemos puesto de moda. Pero unos más que otros. Me refiero a los macroeconomistas. Son ellos los auténticos economistas estrella. Parece que siempre tienen algo de qué hablar: si baja el euro porque baja el euro, si la balanza básica no progresa adecuadamente pues eso, que no lo hace. El chiringuito macro está montado de tal forma que siempre sucede algo. Pero es que además el tipo de dinámica involucrada en los fenómenos macro es especialmente atractiva para los periodistas: se pueden seguir en tiempo real o en cuestión de hora acontecimientos dramáticos, puede verse a gente tirarse de los pelos, haciendo cola ante la puerta de una sucursal bancaria o a Super Mario haciendo declaraciones.
¿Y la micro? ¿Quién se ocupa de ella? Es cierto que en algunos aspectos la división puede ser un tanto artificial en el sentido de que cuando la crisis estalló, por ejemplo, consultaban con expertos en el mercado inmobiliario que quizás no tuviesen el título de microeconomistas pero pese a ello de lo que se hablaba era de la micro. Pero espero que ustedes me entiendan: los macroeconomistas parece que disponen de las palabras mágicas para expresar en artículos de opinión qué ha estado mal, qué puede o no suceder, en qué momento nos encontramos. Un Krugman es un bate; de Tirole ya no se acuerdan ni en la Escuela Normal Superior (disculpen la exageración).
y este es el mundo en el que vivimos. En mis sueños húmedos el Concello de Vigo abre un concurso de ideas para establecer la mejor estrutura de incentivos para bajar el absentismo escolar en la ciudad. Además, debido a los problemas de tráfico la corporación local encarga tres informes a tres microeconomistas, cada uno de una tendencia distinta: uno defensor de las teorías de equilibrio general, la evaluación coste beneficio y la intervención de la corporación, otro que concede mucha importancia a los incentivos monetarios calcula el precio sombra de la mobilidad por kilómetro y un tercero, comportamentista, pretende diseñar un sistema de comunicación condicionada con los ciudadanos para reforzar determinado tipo de actitudes. El Faro de Vigo, en vez de presentar a los vigueses la posibilidad de que se construya un monolito celta, abre portada con sugerentes titulares en los se condensa cada una de las propuestas. Los vigueses discuten en las calles, la gente se manifiesta en favor de que se considere la evidente tasa de descuento hiperbólica de los vigueses, que ninguno de los economistas ha tenido en cuenta.

domingo, 19 de abril de 2015

sin nada de gracia



Hoy he estado viendo cositas de Becker (Gary). En concreto su "De Gustibus Non Est Disputandum" [GD], escrito a cuatro manos junto a George Stigler. Además he repasado mis notas sobre su "A Theory of Rational Adiction" [TRA] e "Irrational Behavior and Economic theory" [IBET].
En IBET, el más antiguo de ellos (1966), se formula una defensa de los argumentos de su principal mentor, Milton Friedman. Se define aquello que es racional en economía. El mercado constituiría un mecanismo tal que produciría racionalidad (económica); sería, por lo tanto, la institución económica por excelencia. Ese artículo representa la clase de los argumentos que se defendían desde la Escuela de Chicago sobre por qué a la Economía debían importarle un pimiento la introducción de mayor realismo en los presupuestos con los que se maneja. Esto incluye cualquier consideración psicológica o cognitiva. Si el mecanismo de mercado es capaz de producir racionalidad entonces ¿por qué preocuparse de posibles conductas guiadas por el hábito o por un azar cualquiera?
Una de las críticas que se dirigen a ese tipo de formulación no tiene que ver con consideración cognitiva alguna. Indica que eso que Becker llama "mercado" no existe. Si revisamos las facturas y tickets que tenemos en casa y pensamos un poco nos daremos cuenta en seguida. Existen muchas clases de mercados relacionados entre ellos. En este punto es interesante lo que dice Mirowski en Machine Dreams (Capítulo 7). 
La otra crítica es cognitiva: tiene que ver con la formación de los valores subjetivos. La economía conductual señala como las valoraciones subjetivas se ven afectadas por factores que las moldean y distorsionan. Muchos de los artículos y trabajos de Becker posteriores al IBET tienen en cuenta la forma en que las formas de valoración se pueden ver afectadas por hábitos, adicciones y factores contextuales (GD y TRA son dos ejemplos). Someter las formas de valoración a objeto de análisis, considerar los factores que les afectan, no constituye en Becker ningún tipo de retractación respecto de IBET. Tanto en GD como en TRA construye sus argumentos de tal forma que finalmente también las formas de valoración, el querer algo o no quererlo ahora, el consumir A o B, sea por hábito o por adicción, responde en obediencia a la variación de un precio. Ese precio en Becker no es de mercado, es un precio sombra que depende de las características del bien consumido, del hábito generado por su consumo y de su precio. Es una forma de extender la lógica de mercado a todos tipo de conductas y actividades dado que "nada es gratis", todo está sujeto a formas de escasez, siempre se paga un precio incluso cuando se decide no decidir.
uno de los conceptos clave de los argumentos de Becker es el del capital humano. La experiencia pasada, aquello que se ha hecho con el propio tiempo, determina las capacidades actuales de los sujetos para producir utilidad. Así, el ciudadano se convierte en una especie de emprendedor de si mismo, atesorador de experiencias y aprendizajes que le permiten producir utilidades. Así, el ciudadano produce utilidad (aprendiendo a escuchar música para disfrutarla mejor), sanidad (llevando una vida sana y comiendo manzanas para vivir más), mercancías (a través de su formación profesional), hijos (que ciudarán de él en la vejez). Y el mercado, que con su mano invisible produce precios sombra, está detras de las variaciones y cambios de las elecciones realizadas por todos los sujetos: que acceder a la música sea más asequible o no, que tener hijos sea prohibitivo, que ir al dentista sea para el próximo año. El mercado somos todos sin darnos cuenta de nadie, es la cajera de Mercadona y el señor Juan Roig, Florentino y Rodrigo, el mercado es el sector adolescente que las pira por un movil de 5,5', los chinos, sobre todo los chinos... y Amazon que está dispuesto a perder un pastón con tal de monopolizar... sí, tirará un pedazo de la tarta a la basura para comerse el solito lo que quede. El mercado es una masa que genera una fuerza, conocida como gravedad de la que casi nada escapa.

jueves, 16 de abril de 2015

sobre tentaciones y frustraciones


en Economía está de moda lo torcido, difícil de enmendar, lo contumaz errado.
Atribuyen a Séneca la máxima: "Errare humanum est, sed in errare perseverare diabolicum". Y es que equivocarse se equivoca cualquiera pero la contumacia nos resulta especialmente problemática.
En Economía durante mucho tiempo se ha evitado la consideración de este tipo de fenómenos. Se asumía que toda conducta económica era racional, pero racional en un sentido económico. Esa racionalidad económica consiste en la coherencia entre actos y deseos (o preferencias). Esto es, si prefiero una frigolosina de limón a una de fresa entonces compraré la de fresa. Además, si dispongo de una renta de 100€ a la semana, de la cual dedico 10€ a fragolosinas, si esa renta disminuye como consecuencia no incrementaré mi consumo de frigolosinas.
Estas condiciones así puestas, que suenan tan razonables y lógicas, no se cumplen siempre. De hecho, hay numerosas excepciones al concepto de racionalidad en Economía. La disciplina que, por excelencia, se está dedicando al estudio de esas formas de irracionalidad económica se denomina Economía Comportamentista.
Mis errores favoritos son aquellos que involucran arrepentimiento. Porque hay muchos que son simples sesgos de valoración que, como cuando sufrimos ilusiones ópticas, no nos damos cuenta. O engaños, aditamentos, formas de edición de los contenidos, formas de escaparatismo, que nos seducen pero de los que no nos arrepentimos. Los que a mi me gustan están ejemplificados por la procastinación o las tentaciones a las que sucumbimos aún sabiendo que la estamos cagando: ese condón que no te pones cuando sabes que deberías, esa hamburguesa que sabes no debes comer mientras sigues masticando o ese twitter que sigues actualizando aunque deberías ponerte con la tesis. Pero no sólo es la tentación seductora o la evitación del esfuerzo... la ira, la envidia y otros pecados también pueden hacer que hagamos cosas de las que después nos arrepentimos: adelantar a ese conductor anciano en linea continua porque llevamos 15 minutos detrás de él a 55km/h, por ejemplo. Sabemos que no debemos, y mientras adelantamos sabemos que la estamos cagando, pero no podemos evitarlo.
En Ecomomía Conductual (a estas alturas todavía no sé si se dice comportamentista o conductual) se suele representar esta clase de errores como la lucha entre las pasiones y la razón: sabemos que está mal pero... diabolicum. A mi no me gusta esa explicación para todo. Puede ser cierto aveces, vale, que sucedan ese tipo de cosas, pero en muchas ocasiones no son emociones tentadoras las que nos nublan la vista sino la propia inercia, los hábitos. Piénsese sino un momento: la tentación no es el problema, la calentura, sino el no saber lidiar con ella. El no tener condón, por ejemplo: el problema está en pensar, o estar acostumbrado a que la única forma de realización sexual consista en "mantener una práctica de riesgo", digámoslo así.
La introducción de este matiz es uno de los aspectos que forman parte de la tesis en la que estoy trabajando: la problematización de la tesis de que el diabolicum consista en sucumbir a tentaciones...

jueves, 2 de abril de 2015

filetes o dietas

Los economistas somos los cocineros sociales: hacemos picadillos, especiamos, aliñamos, cocemos, freímos, salteamos, planchamos, batimos, amasamos, cortamos, loncheteamos, asamos, condimentamos, reogamos... aquello que otros comen.
Los paralelos van más allá: últimamente estamos de moda, como los cocineros. Entramos en las cocinas ajenas y sometemos a examen, indicamos qué sabores y qué texturas son las adecuadas.
Donde ellos tienen un fogón nosotros una pizarra, donde una tabla de picar unas tablas con gráficos. Si Podemos ficha a Vicent, Ciudadanos a Garicano, Espe a Lacalle. Aquí los cocineros llevan mucha ventaja: Arguiñano, Chicote, Paco Feixó, Jamie Oliver y el incomparable Vegan Black Metal. ¿sería acaso posible un elenco de economistas comparable? (La pregunta es retórica), por supuesto.
Después de la introducción vayamos al cuerpo de esta entrada: la disciplina presupuestaria (ponerse a dieta).
1. Daniel Lacalle señalaba recientemente en entrevista concedida a El Confidencial que los mercados últimamente estaban más tranquilos con la cosa de Podemos porque habían podido observar cómo Syriza está teniendo que someterse a la disciplina presupuestaria.
2. Existe un delicioso artículo de Gary Becker (1.962) sobre la acción disciplinaria de los mercados. En el demuestra como en una economía competitiva (y en la que no existe sector financiero) con recursos escasos la restricción presupuestaria actúa como disciplinaria de conductas. Simula en ese artículo conductas no racionales: guiadas por el hábito unas y erráticas otras. Entonces una modificación de los precios relativos hace que a nivel agregado se pueda observar una conducta consistente con el concepto de racionalidad económica pese a lo irracional de las conductas individuales. En castellano plano quiere decir que cuando nos empobrecemos al menos algunos han de apretarse el cinturón.
3. Pero esto nos lleva a la conclusión de la presente entrada. Todos los paralelos establecidos en la introducción sirven tanto para cocineros como para nutricionistas y coach y  expertos nutricionales. Además todos ellos están de moda también. Y es que podemos extender la metáfora a todos esos expertos en hierbas, apetitos, carnes, cuchillos, salivas y condimentos: algunos economistas son más como Ferrán Adrià, otros como Chicote, o como Paco Feixó, o como Pierre Dukan.
Tracen ustedes sus paralelos. Y buen provecho.