viernes, 7 de marzo de 2014

quien ha dormido al raso agradece una manta

 Hay algo idiota en lo que nos sucede. Que la socialdemocracia imagine alternativas como esta dicen bien poco de algunos de sus representantes. En ese artículo uno de los antiguos ministros de Tony Blair reclama todo el capitalismo posible pero siempre que se mantenga la fe las cosas buenas y justas que sólo el Estado puede garantizar. Cosas que el neoliberalismo habría olvidado. Y los párrafos idiotas viene al final:
In the new global economy, which is awash with cheap labor, Western economies will not be able to compete in a “race to the bottom,” with firms seeking ever-cheaper labor, land, and capital, and governments seeking to attract them by deregulating and shrinking social benefits.
The only way Western economies will be able to compete and improve their standard of living is by seeing themselves as being involved in a race to the top. That is, firms must improve their value added through innovation in existing industries, and by developing the capability to compete in new and more sophisticated industries, where value added is generally higher.



 Nos caracterizan a todos.
Yo soy el inividuo X y produzco lo suficiente como para alimentar mi propio cuerpo siete veces. El individuo Y es más productivo y es capaz de producir lo suficiente para alimentar su propio cuerpo nueve veces. El clásico temor de que lo otros son más productivos viene a decir que el individuo Y poderá vender su producción más barata por lo que nos expulsará del mercado y no podremos vender nuestra producción. ¿Captan el temor gilipollas? Lo que nos pasa es que hemos perdido poder, no que seamos menos productivos.
Realmente las cosas no son tan sencillas pero por muy complicadas que sean el temor sigue siendo igual de idiota. En un mundo de opulencia el problema social a resolver debería ser como hacemos para trabajar menos. 
Gente como Pablo Iglesias han conseguido que vuelva a los ocho años, cuando me consideraba sociademócrata. La eficacia del vallecano para canalizar la rabia hacia los culpables se torna en ridiculez cuando le preguntan "qué harías si estuvieras en el poder". Le he oído mencionar las políticas de demanda, a José Carlos Díez (socialdemócrata), la palabra expropiar, la palabra nacionalizar, la expresión "que paguen los ricos", y otras muchas. Pero nada distinto de lo que podría decir un socialdemócrata hace cuarenta o cincuenta años. Y eso él que es una de las mentes más preclaras de la nueva izquerda radical --a la izquierda de izquierda unida.
La socialdemocracia como idea es bonita y en su forma más completa ha funcionado durante cuarenta años en la Europa que envidiamos y durante dos décadas en este Estado que nos alberga. Y sin embargo hoy vivimos en los países que implantaron un Estado del Bienstar una creciente impotencia, matizada según la disciplina monetaria a la que se debe cada país.
Que la crisis sea de la sociademocracia redistributiva implica que la crisis de deuda que vivimos sólo ha puesto de manifiesto uno de los elementos de esa debilidad. Es un síntoma que nos parece un todo aquí debido a que vivimos en su epicentro. Pero la crisis de la socialdemocracia también se vive en Alemania o en Holanda. La capacidad de los estados para recaudar y redistribuir renta se ha visto disminuida.
Lo que ha podido con la socialdemocracía es el capitalismo globalizado: en algunos mercados su dinamismo y dimensión hacen que sean capaces de eludir la coacción redistributiva. Otros han sido receptores y desarrolladores de formas de organización y producción que precisan cada vez de menor mano de obra. Y donde estas nuevas formas de organización están ahorrando más trabajo es en aquellas ocupaciones que proporcionaban el grueso de las clases medias: trabajos de administración y coordinación.
Llevo años resistiéndome a la sociademocracia por culpa de los pesados del PSOE, que en España pretedendían representarla. Pero igual que después de ser metalero te vuelves fan del country en tiempos recientes, depués de décadas de resistencia radical, de haberlo considerado todo (anarquismo, comunismo, democracia participativa horizontal, etc) se me ha dado por apaciguarme -ante la visión del espectáculo iglesiano-, volverme tranquilo y reclamar sólo que estar calentito mola.
Pensaod en términos de equidad la idea central socialdemócrata es más atractiva que nunca. Lo pone de manifiesto los patéticos intentos de sus rivales ideológicos por formular una alternativa que asegure el bienestar (el estar calentito en invierno y poder tomar vacaciones en verano) que sí ha sabido proporcionar la socialdemocracia como nadie. No tiene competencia si consideramos las alternativas, de las que me ocuparé en futuras entradas:
  1. La comunista nacionalizadora.
  2. La absurda idea de la renta básica.
  3. La liberal -- conservadora.
Intentaré también desde este cuaderno formular una alternativa, por vaga que sea. La formulación que propongo no es nueva: hay muchas que ya han hablado  de ella. Intentaré ser sistemático pero me temo que llevará muchos intentos y pruebas decir algo coherente. Se trata de la idea de que es necesaria otra clase de redistribución. Una redistribución del poder, de las capacidades, de las potencias. Para organizar(se), para tomar lenguajes y mejorarlos, para saber integrar y deliberar mejor sobre las consecuencias futuras de nuestras accciones presentes. Poder para no estar sometidas al frenesí idiota del que hablaba al principio, capacidad para darle un masaje al capitalismo para que se relaje un poquito.La redistribución de estos saberes y potenciaslos realizó en el pasado la socialdemocracia y debe actualizar esas formas. Las políticas de estimulación de la demanda no deben formar parte de esas formas. La renta no puede ser la única forma de acceso al calor y al alimento. Tampoco puede ser la única forma de poder desarrollar las propias capacidades o de realizarse como personas. El dinero y el ahorro, la inversión, cumplen un papel central y debe darse la ocasión para que sean bien asignados. La gente debe poder hacer sus planes de vida a través de esas formas de intermediación. El estado debe asegurar la fiabilidad de esos medios, pero no debe poseer su monopolio.
He dicho muchas cosas y aclarado pocas.

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