lunes, 31 de diciembre de 2012

una canita al aire ( ii )

Como nuestro objetivo es pensar lo que se demanda y su relación con lo que se ofrece en forma de tendencias seculares representaremos una función de producción que llamaremos agrarista y otra a la que llamaremos industrialismo guay. Siguiendo al chico que representa bien [Canadian Initiative] la gráfica de la función de producción es como si ordenara las técnicas de más producitvas a menos, de forma que las primeras horas empleadas lo son en las técnicas más productivas y las últimas en las menos. Como podemos observar en la gráfica (A) las economías agrarias representan una variación suave de las productividades (no existe mucha diferencia entre los empleos más productivos y los menos). En las economías que llamaremos "industrialismo guay (no España)", por razones que explicaremos después, se produce un fuerte incremento en la productividad de determinados sectores que desplazan las posibilidades de producción hacia afuera. Algunas gentes de aspiraciones austriacas podrían pensar incluso esa forma como decreciente en sus últimos tramos: el "Estado del Bienestar" como carga a la productividad potencial de la economía, pero no queremos entrar en esos extremos.


Ahora representaremos las curvas de indiferencia que se corresponden con cada estadio y acto seguido pasaremos a explicar el significado que les damos:

La gráfica B representa las curvas de indiferencia de las gentes del campo (gente con boina) y de los obreros urbanitas masoquistas (después explicaré por qué). Como se puede observar la oferta de trabajo en las economías agrarias es sensible a incrementos de la poruducción durante más horas que los obreros urbanitas: eran sociedades menos productivas y que vivían próximos al nivel de subsistencia por lo que, no por placer o gusto por el trabajo sino por necesidad, mostraban esa sensibilidad a los incrementos de renta ante una hora adicional trabajada. Se muestran insensibles en un punto en el que el cuerpo no da para más.
Por su parte los obreros urbanitas trabajan menos y producen más. Existe una brusca variación de sus preferencias (su sensibilidad a la renta lograda) que representa las variables institucionales que afectaron a partir del fordismo al número de horas trabajadas (a partir de la jornada regulada la oferta se reduce drásticamente). No entraremos en cuestiones históricas. La zona amarilla representa el consumo no de subsistencia logrado después de la transición de un mundo a otro.
Ahora veremos un poco de estátiva comparativa. (Gráfica C).
Podríamos ser perversos y ver qué sucede en un mundo fordista con preferencias de boina (Citroen Vigo en los 80: la gente después de ir a trabajar en cadena sachaba en la finca unas horitas más), o imaginar un mundo agrario preindustrial con jornada de 8 horas, pero tales perversiones no tienen sentido en este momento.
Consideremos lo que sucede ante incrementos en las productividades de ambos mundos y comparemos. Pensemos en un mundo agrario en el que el gobierno crea Unidades de Extensión Agraria (agrarismo ---> agrarismo'), y un mundo fordista en el que se robotiza un determinado tramo de la cadena (industrialismo guay ---> industrialismo guay'). Efectivamente: ahora podemos explicar lo del masoquismo. Los de la boina son más sensibles a los incrementos de productividad que los obreros, debido a las restricciones institucionales que antes hemos explicado.
El siguiente punto en el camino del análisis es un poco más escabroso: es un intento de análisis de corto plazo de un país con preferencias muy peculiares: España. (Gráfica D). 


En este caso la dificultad estriba en cómo representarnos las curvas y cómo se mueven, cuál lo hace primero y las consecuencias. Como podeis observar he representado la función de producción con dos tramos de pendiente muy diferente: existiría una parte de España de sectores bastante productivos y otra parte, muy  importante, de sectores no tan productivos. Tampoco en este caso entraremos a señalar con el dedo en plan acusica. Respecto de la curva de indiferencia hemos intentado representar una muy dual, también, con dos tramos de pendiente muy diferenciada, el segundo representa esa parte de Espala que está siempre en paro. Al mismo tiempo hemos alargado el tramo de la curva en su parte sensible intentando representar que en la época de la burbuja producíamos con "horas prestadas", y cuando esta estalló, esas horas desaparecieron. De hecho, parte de nuestras horas de trabajo van ahora a devolver esa deuda. Durante la época de la burbuja no se produjo ninguna mejora productiva de la economía Española, es decir, la función de producción no se desplazó hacia afuera. Algunos podrían decir incluso que nos volvimos menos productivos a la vista de los resultados; no entraremos ahí. Hubo un momento en que consideré en intentar representar un "efecto Merkel", de mayor contracción de la Curva de Indiferencia, pero entiendo que la simplificación es una virtud. Así, la curva de indiferencia se contrae fuertemente de un periodo al siguiente: "preferimos" trabajar menos. Al mismo tiempo la he hecho sensible a la renta pues entiendo que no existen trabas institucionales a la oferta de trabajo (aunque quizás esto no sea cierto). El resultado es evidente.
En paralelo Gráfica D' he intentado representar lo que podría pasar en el futuro: la cruva de indiferencia se contrae (más políticas de austeridad) y la curva de producción se desplaza hacia tramos menos productivos (técnicas intensivas en trabajo barato). En un futuro más o menos esperazador la función de producción se desplaza, pero como puede observarse no es tanto a base de mejoras técnicas en los sectores más productivos como de volver más productivos sectores que antes no lo eran.
Por la tarde intentaré concluir con mi visión sobre la relación entre la oferta y la demanda en lo que pretendo que sean algunas reflexiones críticas (provisionales) sobre la Ley de Say, los herederos de Schumpeter, y otras raleas.

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