sábado, 27 de agosto de 2016

Crusoes contra principitos


Este verano me ha dado por leer el Robinson Crusoe de Daniel Dafoe. Robinson Crusoe ha sido un clásico en la discusión de aquello que de prototípica pueda tener la civilización occidental. Es individualista, es agoísta, es racista, patriarcal, colonial y un largo etcétera.
Por lo visto el libro comenzó a interesar a los economistas durante el tránsito que va de la economía clásica a la revolución marginalista, es decir, conforme se fue configurando la micreoeconomía de sujetos individuales y racionales. Interesó también a los críticos del capitalismo desde que Marx puso sus ojos sobre la novela. 
En la actualidad, en Economía, se usa la figura de Robinson Crusoe como metáfora mediante la que representar una Economía lo más simple posible, con un sólo agente económico, que consume lo que produce o lo ahorra, y que ha de decidir cuánto tiempo dedica a trabajar y cuánto a descansar. Se presupone que Robinson es racional y que decide sobre esos asuntos de acuerdo a sus preferencias.
Lo que me ha sorprendido al leer la novela es que Crusoe no tiene nada que ver con esa imagen de agente racional: es presa del miedo con facilidad, cualquier sombra lo aterroriza, comete frecuentes errores, aquello que es capaz de producir depende en grado extremo de su habilidad y de las herramientas de las que dispone y su bienestar se ve fuertemente condicionado por la dotación de la isla a la que ha ido a parar. Nada de esto se corresponde con los modelos económicos marginalistas sino más bien con una mezcla entre sujeto económico simoniano y conductual. 
Además acabo de leer, en dos tardes, El Principito, edición de Anagrama. Ha sido quizás un azar, o quizás el contraste con el Robinson Crusoe, pero me parece todo lo contrario que se pueda ser a la novela de Dafoe. Si Robinson Crusoe explota el mundo, lo domina, a él y a sus criaturas, sean humanas o animales, el principito daría su vida por una rosa. El principito busca la amistad, se siente responsable de aquello que domestica, odia la idea de explotación, es antiutilitarista. El librito de De Saint -- Exupéry está contra el progreso, es refractario a las personas mayores. Crusoe sólo se forja como hombre una vez madura y acepta los designios de la Divina Providencia y se arrepiente de su pasada temeridad.

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