viernes, 3 de enero de 2014

no distópico

Ayer estuve viendo un programa muy bueno sobre la situación política francesa. Lo recomiendo. En Francia la idea y las estructuras de Estado han prendido fuerte. Además la derecha es atípica, también la izquierda. Es un país poderoso e influyente. Otros estados son importantes pero no son el Estado francés. Allí la incertidumbre sobre qué sucederá con un Estado todavía no desmantelado, sobre un negocio apetitoso, es todavía grande. Dicen los tertulianos de Fort Apache que los gobernantes tienen miedo al pueblo francés. Por si al meter la patita...
En los márgenes y periferias que habitamos  quizás nuestra suerte esté bastante más determinada: es posible que el proceso de desguace que vivimos nos deje en una intemperie que nunca pensamos vivir. Viviremos la apertura de nuevos espacios para todo. Lo malo es que en estas situaciones no es posible predecir lo que sucederá: las prediciones son posibles cuando un sistema está en funcionamiento, con sus dinámicas y ciclos; cuando un sistema se desmantela no se sabe qué puede ser después.
Se rompa o no España, se germanice más o no Europa, se desintegre el euro, vuelva o no el crecimiento, deberemos pensar de nuevo las políticas monetarias y de bienestar. Y no valdrá el teorizar demasiado, lo factual, lo que de hecho se vaya haciendo, sea como sea, paricipará de la constitución de lo nuevo.
Sea como sea permitir y desarrollar iniciativas locales, conectarse con lo extranjero para traerlo, negociar al margen, colaborar por momentos, buscar concurso, disolverse, resistir, reunir, obedecer, fidelizar... un sabedios de improvisaciones con la certeza de que esto no es Detroit y las quiebras aquí no se solucionan sólo emigrando. Pese al tópico.

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