lunes, 12 de mayo de 2014

intemperie: la boca del lobo

Creo que nunca acabaré con esto que he iniciado con la tesis. Estoy trabajando ahora la relación de Herbert Simon con economistas de influencia hayekiana como Bryan Loasby. Me está resultando muy problemática la construcción de un argumento ordenado. Este peso, terrible [:)], me lo está ayudando a sobrellevar la lectura del capítulo 7 del Machine Dreams, de Mirowski, libro que recomiendo a todo economista y a toda persona interesada en inteligencia artificial y su relación con la llamada condición humana.
Como he renunciado a trabajar al lado de cualquier dispositivo movil conectado a la red a veces se me va la olla... o sea, que mis pensamientos derivan en temas ajenos a la tesis aunque hilados, habitualmente, por algún argumento sacado de ella. Eso es lo que me ha sucedido hoy al pensar en lo familiar en Simon, en la importancia de la creación de ambientes locales en los que las rutinas y los hábitos construyan apropiados refugios cognitivos.
Cuando comencé la tesis, cuando todavía no sabía nada de racionalidad ni de Simon, sabía que iba a tener que construirla sobre un mundo de rutinas. Y la verdad me apetecía mucho. Me he saciado.
Modificar las formas de familiardad es muy difícil: la fuerza de los hábitos es enorme. Una de las forma de modificación consiste en que la estructura del entorno sufra un terremoto. Ultimamente pienso bastante en mi vida post-tesis y en vez de rutinas la imagen que me viene, como mundo deseado, es la de la intemperie. Una intemperie desde mi perspectiva actual, hecha de ellas y ellos, montañans e mares, callos, sudores, morenos, pérdidas y ganancias, apuestas, trabajo y azares inciertos.
 Desear la intemperie hace que aquello que es el hogar cambie. Mi casa va a ser otra dentro de unos meses. Y como recodo a este relato intencional dejo una canción para nostálgicos faltos de eslóganes. 

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