jueves, 16 de abril de 2015

sobre tentaciones y frustraciones


en Economía está de moda lo torcido, difícil de enmendar, lo contumaz errado.
Atribuyen a Séneca la máxima: "Errare humanum est, sed in errare perseverare diabolicum". Y es que equivocarse se equivoca cualquiera pero la contumacia nos resulta especialmente problemática.
En Economía durante mucho tiempo se ha evitado la consideración de este tipo de fenómenos. Se asumía que toda conducta económica era racional, pero racional en un sentido económico. Esa racionalidad económica consiste en la coherencia entre actos y deseos (o preferencias). Esto es, si prefiero una frigolosina de limón a una de fresa entonces compraré la de fresa. Además, si dispongo de una renta de 100€ a la semana, de la cual dedico 10€ a fragolosinas, si esa renta disminuye como consecuencia no incrementaré mi consumo de frigolosinas.
Estas condiciones así puestas, que suenan tan razonables y lógicas, no se cumplen siempre. De hecho, hay numerosas excepciones al concepto de racionalidad en Economía. La disciplina que, por excelencia, se está dedicando al estudio de esas formas de irracionalidad económica se denomina Economía Comportamentista.
Mis errores favoritos son aquellos que involucran arrepentimiento. Porque hay muchos que son simples sesgos de valoración que, como cuando sufrimos ilusiones ópticas, no nos damos cuenta. O engaños, aditamentos, formas de edición de los contenidos, formas de escaparatismo, que nos seducen pero de los que no nos arrepentimos. Los que a mi me gustan están ejemplificados por la procastinación o las tentaciones a las que sucumbimos aún sabiendo que la estamos cagando: ese condón que no te pones cuando sabes que deberías, esa hamburguesa que sabes no debes comer mientras sigues masticando o ese twitter que sigues actualizando aunque deberías ponerte con la tesis. Pero no sólo es la tentación seductora o la evitación del esfuerzo... la ira, la envidia y otros pecados también pueden hacer que hagamos cosas de las que después nos arrepentimos: adelantar a ese conductor anciano en linea continua porque llevamos 15 minutos detrás de él a 55km/h, por ejemplo. Sabemos que no debemos, y mientras adelantamos sabemos que la estamos cagando, pero no podemos evitarlo.
En Ecomomía Conductual (a estas alturas todavía no sé si se dice comportamentista o conductual) se suele representar esta clase de errores como la lucha entre las pasiones y la razón: sabemos que está mal pero... diabolicum. A mi no me gusta esa explicación para todo. Puede ser cierto aveces, vale, que sucedan ese tipo de cosas, pero en muchas ocasiones no son emociones tentadoras las que nos nublan la vista sino la propia inercia, los hábitos. Piénsese sino un momento: la tentación no es el problema, la calentura, sino el no saber lidiar con ella. El no tener condón, por ejemplo: el problema está en pensar, o estar acostumbrado a que la única forma de realización sexual consista en "mantener una práctica de riesgo", digámoslo así.
La introducción de este matiz es uno de los aspectos que forman parte de la tesis en la que estoy trabajando: la problematización de la tesis de que el diabolicum consista en sucumbir a tentaciones...

No hay comentarios:

Publicar un comentario