miércoles, 11 de abril de 2012

yo y Schumpeter, el fetiche del euro.

Aspiro a ser un economista algún día. Ser economista, como ser sociólogo, filósofo o matemático, no es una profesión. Schumpeter ayuda en el cometido. Llevo unos días con su "Historia del análisis económico", con estupenda traducción de Manuel Sacristán, así da gusto.

En la Parte III (de 1790 a 1870), introduciendo el "trasfondo político-social" nos habla JAS de el oro:

En el continente normalidad significaba patrón plata o bimetalismo; pero Inglaterra, una vez legalizado el patrón oro, que se había impuesto de facto en el siglo XVIII, volvió a implantar, a los pocos años de Waterloo, el pago de oro de los billetes del Banco de Inglaterra, al modo como ha vuelto al oro, según la paridad de pre-guerra (aunque de forma algo diferente), patrón oro completamente "libre" o "automático", que no permitía más manipulación que la implicada por la facultad reguladora de cualquier banco central, "prestamista de última instancia". Nos preguntamos: ¿por qué? Pues la medida fue combatida por muchos sectores diferentes, incluso por algunos economistas. [...] Había una desocupación de dimensiones suficientes como para mover al gobierno a proponer obras públicas como remedio, según un programa casi roosveltiano. Los comerciantes no son aficionados a las pérdidas, ni los bancos a la congelación de activos: pero abundaban todas esas cosas. Bastantes personas competentes proponían, como veremos, un papel moneda dirigido. A pesar de ello, la política del patrón oro no estuvo nunca en serio peligro político y, si bien no fue aceptada por los demás países industrializados hasta mucho más tarde, ese retraso no fue voluntario: pese a todos los argumentos en contra, el patrón oro "automático" siguió siendo casi en todas partes el ideal al que había que aspirar y por el que había que orar, a pelo y contrapelo. Repitamos: ¿por qué?

Se nos ha enseñado a considerar esa política completamente equivocada, como una especie de fetichismo insensible a la argumentación racional. También se nos ha enseñado a prescindir de todos los argumentos puramente econóicos que s epuden realmente aducir en favor de esa política. Pero, a pesar de todo eso, hay un elemento de la cuestión del patrón oro que basta para eximir al concepto de la imputación de insensatez, aun en el caso de que no tenga ninguna ventaja puramente económica; teniendo en cuenta ese elementom quedan iluminadas de otro modo bastantes otras actitudes de la época. Se trata de que un patrón oro "automático" es parte natural de una economía del laissez-faire y del libre cambio. Un patrón así vincula los tipos monetarios y los niveles de precios de cada nación con los de todas las  demás naciones que lo aceptan. Este patrón es sumamente snesible al gasto público e incluso a actitudes o políticas que implican directamente gasto público, como, por ejemplo, la política internacional, o ciertas políticas fiscales o, en general y precisamente, todas las políticas que violan los privilegios del liberalismo económico. Esta es la razón por la cual el oro es hoy tan impopular y fue tan popular en la era burguesa. el oro impone restricciones a los gobiernos o burocracias, con mucha más fuerza que una interpelación en el parlamento. Es símbolo y garantía de la libertad burguesa, no ya sólo de la del interés buergués, sino de la libertad en sentido burgués. 

Historia del Análisis Económico, pp. 461-462.

Hace poco en Bruegel se hacían eco de algo que tiene que ver con todo esto. Sé de la complejidad de la situación, de hecho si no me atrevo a pronunciarme muy abiertamente sobre el papel del € en nuestra situación es debido a que no me considero muy capacitado. seguiremos leyendo.

 

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