viernes, 27 de abril de 2012

plétoras por doquier

Sigo hoy con lo de ayer y me queda por tanto una entrada pendiente que tiene que ver con el mercado de trabajo y consideraciones sobre su flexibilización desde un punto de vista liberal. Me basaré en una quick lectura de la obra de Dworkin para aplicar ese molde liberal al mercado de trabajo con la pretensión, quizás fatua, de criticar los modelos actuales de mercado laboral clamando por una interveción estatal en la materia. Veremos que tal resulta. Ahora sguimos con lo de ayer. La lectura que traigo es densa: el posicionamiento de Schumpeter respecto de la ley de Say tendiendo en cuenta a los críticos de la misma, fundamentalmente lord Keynes.
La apariencia de identidad en la ley de Say es lo que mueve a Schumpeter y le preocupa. Nos dice que pese a incorporar una identidad no es trivial y esa no trivialidad tiene su importancia. En las páginas 686 y 687 expone cuatro interpretaciones habituales que se han hecho de la ley como identidad y con las que no está de acuerdo: la ley como identidad contable (lo que se compra se paga), otras que la interpretan bajo el prisma de una economía de trueque (no monetaria, en donde todo comprador es también un vendedor), la tercera está representada por Keynes aunque ha sido mejor formulada por Lange, en la cual se introduce el dinero pero se sigue considerando la fórmula sayniana como una identidad, sosteniendo Schumpeter que debe ser considerada como una igualdad. Esta tercera postura y el consiguiente posicionamiento de JAS al respecto constituye el objeto de esta entrada, dado que pienso que es ahí en donde se encuentra el solomillo de la cuestión. La última interpretación consiste en una lectura, que JAS considera ridícula, realizada por el propio Say.
Después de este sumario introduce (687) es el descuido del tema monetario -fulcral- por parte de Say. Es después que JAS se centra (688 y ss) en la polémica subsiguiente desarrollada en torno a la Ley de Say y que pasamos a relatar en forma de citas trufadas de tímidos comentarios, debido a que no nos consideramos lo suficientemente competentes como para terciar en tan sutiles argumentos. Nos dice JAS que los argumentos principales de la Ley fueron aceptados por Ricardo, tanto el grano como la paja; fue atacado por otros, como Sismondi, Malthus o Chalmers y que finalmente J.S. Mill terció en favor de Say aportando un perfeccionamiento de su teoría que no consideró como tal:
"JS Mill admite plenatmente que hay tiempos de crisis en los cuales 'existe realmente un exceso de todas las mercancías respecto de la demanda monetaria; dicho de otro modo, hay suboferta de dinero... Por eso casi todo el mundo quiere vender y hay pocos compradores, de modo que s epuede producir realmente... una depresión extrema de los precios generales partiendo de lo que que se puede llamar independientemente plétora de mercancías o escasez de dinero'. Este paso es muy interesante desde varios puntos de vista. En primer lugar muestra que,  pese al léxico y las formulaciones de Say, un seguidor suyo muy competente no interpreta su doctrina en el sentido de la negación de la existencia de 'plétoras generales'. En segundo lugar, y a fortiriori, el paso elimina todas las interpretaciones de Say que convierten su ley en una identidad de uno u otro tipo; de este modo robustece nuestra interpretación."

En la nota 90, contenida en este párrafo, comenta como Mill argumenta que los vendedores pueden negarse a sen compradores. Para Schumpeter Mill siempre será un referente, no sólo intelectual, sino también moral. Suele reprochar a los economistas la continua caída en vicios ricardianos, y grandilocuencias, dejándose llevar por las polémicas más que por el rigor y la providad intelectual. Asimismo destaca sobremanera la modestia de Mill.
"En tercer lugar, vale la pena observar un curioso halo moderno de ese paso. Obsérvese, en particular, la frase 'suboferta de dinero', que no significa, evidentemente, que las minas o las prensas no hayan producido la cantidad de moneda suficiente, sino que es equivalente exact de la moderna noción de dmeanda excesiva de liquidez por parte de las empresas y de las economías individuales. Esto contribuye un tanto a reducir a sus dimensiones propias las objeciones formulables al expeditivo tratamiento del factor por Say, aparte de dar un ejemplo del modo en el cual investigadores serios y leales pueden tratar deficiencias análogas de sus predecesores."

Siguen párrafos muy interesantes y que sería conveniente tener en cuenta pero intentaré resumirlos hasta llegar a la parte fundamental de la argumentación. Remito al propio libro a toda aquella persona interesada en el debate. Así, en los párrafos que siguen discute JAS la diferencia entre la concepciónde Mill y la posterior de Keynes al respecto del exceso de demanda de dinero. Comenta asimiso las difernecias entre Malthus y Say, centrándose en la consideración de la cantidad óptima de ahorro, parte que no puedo sino reproducir:
"Lo que malthus sostenía era que, rebasado cierto punto óptimo, el ahorro produce una situación insostenible: la demanda efectiva de bienes de consimo procedente de los capitalistas y de los terratenientes no aumentaría lo suficiente para absorver la creciente oferta de productos resultante de una creciente conversión de renta en capital, y de la demanda efectiva de bienes de consumo procedente de los trabajadores, aunque sin duda aumentaría, no puede constituir motivo ulterior de acumulación y ulterior empleo del capital. En esto estriba la principal objeción de Malthus a la Ley de Say. Más adelante analizaremos el error que contiene."

Y ahora entra, sin solución de continuidad, Keynes en el argumentario shumpeteriano, cuestión que nos fuerza a continuar con el citado sin que podamos saltarnos, casi, ni una sola frase. En los tra párrafos que siguen, el último el central, van incercendo en intensidad teórica hasta llegar al punto en el que Schumpeter se distancia decisivamente de Keynes.
"En todo caso, ese error no se puede imputar a Keynes. Aunque bastantes pasos de Malthus y de Lauderdale sugieren sin duda parte de la argumentación de hoy (¿o de ayer?) contra el ahorro, no puedo evitar la creencia de que lord Keynes no habría aceptado globalmente todos los puntos y comas de Malthus. De todos modos el planteamiento analítico de Malthus contiene de hecho la idea de una curva de dmeanda agregada de bienes de consumo tomada como un todo. por más que sin consciencia de los problemas que suscita este concepto; por eso se puede decir con justicia que Malthus se ha anticipado a Wicksell [nota mental, leer a Wicksell], el cual será el economista de primer orden que adoptaría más tarde la noción.
Como la cuestión de las 'plétoras generales' se volverá a presentar en el capítulo siguiente, dejaré la cuestión en este punto. Y como ni Say, ni Malthus ni Mill han percibido los problemas de la determinación del equilibrio planteables por el factor monetario, dejaremos este aspecto del problema para la parte siguiente. Pero algunos lectores agradecerán acaso un resumen que haga ulterior referencia al análisis keynesiano [me faltan 600 páginas para llegar ahí]. Vamos a ofrecerlo ahora.
Desde luego que Keynes no se ha propuesto nunca negar la proposición que antes hemos llamado ley de Say. Esto se ve ya en su advertencia de que su función de oferta agregada y su función de demanda agregada no se deben confundir con las funciones de oferta y demanda 'en el sentido ordinario'. Pero Keynes creía que la ley de Say afirma 'que el precio de demanda agregada del output como un todo es igual a su precio de oferta agregada para todos los volúmenes del output'. (op. cit. [th general] p.26); esto es, Keynes ha interpretado a Say como luego lo ha interpretado Lange. Nuestra propia interpretación se puede reformular del modo siguiente si, para facilitar la comparación, renunciamos a nuestra objeción a los conceptos de precio de demanda agregada y precio de oferta agregada [es la concepción schumpeteriana de la ley de Say que citamos ayer y que viene a introducir algo así como una teoría de la relatividad de las ofertas y las demandas agregadas tomadas en su conjunto, las unas respecto de las otras, y que por lo tanto resulta en la propia relatividad de las condiciones de equilibrio, lo cual resulta sumamente sugestivo]: la ley afirma que el precio de demanda agregada del output tomado en su totalidad puede ser igual a su precio de oferta agregada, y esto para todos los volúmenes de output total; o, también, que el equilibrio dentro del output total es posible para todos los volúmenes del output, mientras que no es posible un equilibrio para todos los outputs de zapatos; o, de otro modo aún, que no existen antes como el equilibrio o el desequilibrio del output total con independencia de las relaciones recíprocas entre sus componentes. Si esta interpretación es correcta, anula la objeción de Keynes. Pero no es así. Pues la proposición, más débil, que afirma sólo la posibilidad de equilibrios en todos los niveles de output total, y no identidad de "la demanda y la oferta de output total", sigue dando de sí la proposición --no equivalente, sin embargo, a ella- de que la competición entre empresas tiende siempre a una expansión del output hasta el punto de utilización plena de los recursos, u output máximo. Y ésta es la proposición a la que se opone Keynes en realidad. Pero como la única razón en que se basaba era que la gente no gasta toda su renta en consumo, ni invierte necesariamente el resto --con lo que obstruye, según Keynes, el camino al 'pleno empleo'-, habría sido más natural no oponerse a aquella proposición, del mismo modo que no negamos la ley de gravitación por el hecho de que la Tierra no se precipite sobre el Sol, sino decir simplemente que el funcionamiento de la ley de Say, la cual expresa correctamente una tendencia, se ve impedido por determinados factores que Keynes consideró lo suficientemente importantes como para incluirlos en su propio modelo teórico.

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